Capítulo 6: Ser fiel o dejarse influenciar
A veces es complicado ser fiel... me refiero a la idea de permanecer fiel a las propias creencias de uno, a mantenerse firme cuando todos te dicen que tenés que ir por un lado (aunque eso conlleve a ir en contra de ti mismo).
Es complicado porque, de un momento a otro, estás entre la espada y la pared. Si no aceptas lo que te dicen, quedas al margen de pasar como alguien "cerrado/a", alguien con una mentalidad "cuadrada", o demasiado pacifista (cuando eso involucra ser alguien "revolucionario", según lo que dicen ahora), o demasiado conformista, o demasiado religiosa, o demasiado... bla, bla, bla. La lista podría seguir y seguir. Hay tantos nombres, tantos adjetivos, tantas palabras utilizadas de mala manera que podrían ser hacia uno cuando decidimos que no queremos seguir las ideas del resto.
En mi caso, yo no hablo porque una luz iluminó mi mente y me salió del corazón. Antes, yo pensaba igual que el resto, antes no me importaba la vida del otro, antes ni me interesaba si mi actitud hería a alguien más, ¿A quién le importaba? Yo era feliz, yo importaba, yo, yo, yo... Eso era lo único que me interesaba, yo misma. Y, sin ir más lejos, es la mentalidad que funciona hoy en día... el "yo" por delante, egocentrismo y egoísmo puro. A veces, sin darnos cuenta, y otras, con plena consciencia.
En fin, como venía diciendo, no fue que yo un día me desperté con ganas de ser la Madre Teresa de Calcuta... al contrario, fue un proceso (y lo sigue siendo para mí diario andar), un proceso duro, difícil y complejo. Cosa que no fue mérito propio, sino que fue mérito de alguien que tiene la capacidad, el poder y el amor para confrontarte de tal modo que vos mismo ya no querés vivir para vos, sino para él... exactamente, estoy hablando de Jesús. Sólo Él tiene la capacidad de hacer que tu propio ser se niegue a sí mismo, muera y reviva convirtiendose en un nuevo ser.
Fue Jesús el que hizo que mi corazón dejara de pensar en sí y sólo pudiera pensar en Él. Fue Él quien me dijo que yo debía de negarme a mí misma para vivir para su Gloria, SU Gloria, no la mía, no la del vecino, no la de mi madre, sólo Suya.
El Egoísmo se convierte en Humillación, El egocentrismo se convierte en Mansedumbre y Empatía... La coraza que me mantenía en mi misma, encerrada en mi corazón egoísta, se va quebrando, a tal punto que ahora siente que los demás también sienten! Los demás sufren, padecen, necesitan, lloran... Y ahora no ronda la idea de un "Qué me importa, es su problema", sino en un "Dejame ayudarte".
Claro está... no todos podemos ayudar a todos, y no todos podemos solventar todos los problemas que hay en el mundo, tampoco es eso, no somos Dios para hacer algo semejante. Pero sólo un grano de arena puede ayudar y mucho, puede demostrar y mucho. ¿Por qué buscaría mi bien propio cuando me doy cuenta de que podría darte una mano a ti también?
En un mundo en donde todos ignoran al indigente/doliente/enfermo/anciano, hay que ser fiel a lo que Dios dice... y él, claramente, señala algo: ayudar siempre que puedas, hacer el bien en vez de mal (o incluso cuando te lo hacen), amar incluso a quiénes nos aborrecen.
En un mundo donde todo es egoísmo, creo que es mejor serle fiel a quién es perfecto, a quién puede brindarte más de lo que tus ojos pueden ver.
La tarea se vuelve difícil cuando quiénes te rodean están impulsándote a hacer cosas que no convienen, a ser egoísta/egocéntrica, a ignorar el dolor ajeno, a ser frívola con los sentimientos de los demás. Entonces... ahí se vuelve una lucha diaria, difícil y compleja, me pregunto, ¿Cuánto faltará para que deje de serla?
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